El día que Carolina Duer llegó al gimnasio para su primera clase de boxeo escuchó bien clarito: “Esta piba rubia no dura ni dos semanas“. Duró y mucho. Pero el camino no fue fácil: sacrificios y miles de prejuicios por vencer. Los de su familia, los de sus amigos, los de sus compañeros de entrenamiento e incluso los de un novio que, al conocer su nueva profesión, decidió dejarla.

“Cuando yo empecé a boxear todavía no había muchas mujeres en el boxeo. Yo venía de una familia tradicional, judía, con una vocación super común y tuve que romper un montón de prejuicios. Lo fui haciendo naturalmente, en ese momento no me daba cuenta de lo que estaba haciendo”, dice Carolina en el marco de una campaña organizada por el Congreso Judío Latinoamericano.

Los prejuicios cuando arrancó a pelear, allá por el año 2000, eran muchos más que ahora. Con su perfil serio que la caracteriza, Duer recuerda: “Mi papá no me habló durante un año cuando se enteró que yo quería boxear. Me hizo prometerle que solo iba a entrenar“. Pero ella hizo oídos sordos a esas amenazas: “Cuando debuté como amateur me hizo prometerle que solo iba a ser amateur, y así… Fueron promesas que no pude cumplir, por suerte”, dice con una sonrisa que le ilumina el rostro.

La boxeadora que debutó como profesional el 15 de septiembre de 2007, en el estadio de UPCN, en Buenos Aires, venciendo por decisión unánime a Agustina del Valle Aybar, ostenta la marca de ser tricampeona mundial y según ella misma recalca “soy la primera campeona mundial judía en la historia del boxeo”.

Recuerda sus inicios y se ríe de si misma: “El primer día fui maquillada, peinada, y empecé a transpirar, se me empezó a borronear todo y me dio vergüenza Al segundo día ya fui así nomás, con todos los pelos parados y nunca más falté porque me enamoré del boxeo”.

En el boxeo, “conocí un mundo diferente, que no tenía idea que existía, de cómo son las relaciones, los códigos, qué hay que aceptar, qué no”, asegura y sostiene que en su círculo más cercano no fue bien aceptado. “Tenés que hacerte respetar siempre, así que era una barrera tras otra. Tenía el prejuicio de mi familia, de mis amigos, e incluso de mi novio”, asegura. Y confirma: “Mi novio me dejó por boxeadora”.

El único que confió en ella fue su entrenador, Alberto Zacarías, que “cuando me vio me dijo: ‘Ella está un poco loca, pero va a andar bien’. Y la verdad que tenés que tener un poquito de locura para subirte a un ring“.

Aún siendo campeona los prejuicios continuaban. “La sociedad no conoce el mundo del boxeo. ‘Ay vos sos la boxeadora, no parecés, sos re delicada’, me decían. Sí, soy delicada, pero después te voy a pegar en la cara si te subís al ring”, ​dice con algo de furia.

Campeona mundial de peso supermosca de la WB0 en el 2010, tras vencer en decisión unánime a Loredana Piazza, aclara: “No soy la boxeadora, soy una mujer que trabaja como boxeadora y creo que casi todas las mujeres que hacemos este trabajo podemos decir lo mismo”.

El último título de “La Barbie de acero” como boxeadora fue en 2013, cuando se consagró campeona mundial de peso gallo de la WBO, al vencer en decisión unánime a Mayra Alejandra Gómez. Con 40 años admite que hoy está enfocada en su hijo Elias y que se alejó un poco del mundo de los cuadriláteros, aunque ya se prepara para dar clases.

En el Día Internacional de la Mujer reflexiona: “Como boxeadora, como mujer que representa tal vez la valentía, la audacia, la fuerza, me siento responsable de insistir con respecto al valor de la mujer, a la capacidad y a la posibilidad que tenemos”.

“La mujer tiene ese mandato de justificar que lo que se ganó se lo ganó por capacidad y no por linda o por ser mujer“, dice. Y reprocha: “Ahora yo peleo y me maquillo aunque no se pueda o me pongo polleritas cortitas porque es más lindo de ver. Nos permitimos cosas que antes no nos hubiéramos permitido”.

Para Carolina,  “la mujer, sin lugar a dudas, tiene más capacidad que el hombre para casi todo, porque hace todo lo que hacía la mujer histórica y culturalmente, pero ahora también fue aceptada para hacer todo lo que quería hacer“. Y afirma que todavía no hay una igualdad de las mujeres con los hombres en el mundo del boxeo.

El futuro promete y para Duer no hay dudas: “Me parece que vamos por un buen camino y que no hay posibilidad de volver a atrás, pero si hay muchas posibilidades de seguir yendo para adelante”.

“Tenemos que trabajar un poco más para dejar de seguir el mandato que se nos impuso”, dice. Y se ilusiona: “Pero vamos por un muy buen camino”.

La pelea de Carolina ahora es afuera del ring. Ella seguirá peleando por la inclusión de todas las mujeres en el mundo del boxeo.

Fuente: Clarín (Mattia Panza Guardatti)

 

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