Es un mito para los amantes del boxeo y una espina clavada para los que detestan ese deporte, porque Sergio Martínez (Buenos Aires, 1975), o Maravilla, no hace más que ejemplificar que los puñetazos del ring pueden ayudar a ser mejor persona. Él lo cree firmemente y lo defenderá ante nosotros, como siempre, hoy. Acaba de dejar atrás uno de sus gimnasios Brooklyn. Estos días los ha visitado más de lo normal porque en ellos ha presentado su último lanzamiento, algo que demuestra que cada día es más polifacético: un disco. Sí, una selección musical con las canciones más votadas por sus alumnos.

Brooklyn Music (volumen 1) es perfecto para entrenar, pero pensado para cualquier cosa, como por ejemplo caminar con los auriculares por estas calles de Madrid en las que hablamos. Sergio se crio en Argentina, el país que está detrás de su suave modo de hablar, y el que vio cómo el adolescente más tímido, -“había sufrido bullying y no era capaz ni de mantener una conversación con la gente”- se convertía en una figura mundial del boxeo. Si todos los grandes son recordados “por una noche”, él sabe que su historia se verá siempre asociada al 15 de septiembre de 2012, cuando venció a Chávez y se convirtió en el campeón mundial de boxeo en la categoría medio.

Ya antes había obtenido otros títulos -Campeón Mundial Superwelter IBO (2003/04); Campeón Mundial Superwelter WBC (2009/10); Campeón Mundial Medio WBO (2010); Campeón Mundial Medio The Ring Magazine (2010/14)- pero aquella “batalla” contra el mexicano, uno de los más duros, quedó para siempre en la historia de los que adoran el ring. Su profesión es de las controvertidas, en constante tela de juicio, pero él la defiende con pasión.

“Hay ideas asociadas al boxeo que son totalmente falsas. Por ejemplo, yo no hablaría de violencia ya que nosotros peleamos con unas reglas muy claras. No hay sentimientos durante el combate. De hecho, quien los tiene, no vale para esto, porque la concentración es básica”.

Existen muchas teorías sobre la personalidad del que se la juega en el cuadrilátero, y hay una que convence a Maravilla: “En mi opinión tienen razón los psicólogos que hablan de la existencia de un conflicto común en todos los boxeadores: la necesidad enorme de agradar, de ser valorado por el padre. Creo que eso es cierto, que tenemos algo de eso y de querer demostrarle que somos tan hombres como él”.

Los problemas de la codiciada masculinidad, que para nada viene dada con la V en el registro, y que hay que ganarse a pulso. Pero Sergio no la asocia solo a la fuerza física de la que goza, – y la palabra está bien utilizada: “¿cómo siento mi cuerpo? Lo siento firme y me gusta la sensación que me transmite de seguridad, de estabilidad, de fuerza. En temporada de competición duele todo el rato con eso que ustedes llaman agujetas. Pero en el día a día, mi cuerpo solo me aporta sensaciones buenas”-. Para él hay otras cualidades que trabajar.

Fuente: Coché Echarren / Influencers

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