Pese a la falta de distinción en este deporte, el estadounidense remó contra corriente para que su carrera estuviera laureada

Siempre se quejó de la falta de reconocimiento de un sector de la crítica y del público, porque también en todo momento tuvo muy claro la calidad, la contundencia, y todo aquello que hace a un grande del boxeo, y que, sin duda, él lo poseía y lo sabía de sobra en una campaña triunfal de las más notables que hay en la historia de lo que Nat Fleischer denominó “Los Colosos del Boxeo” en uno de los más de 60 libros que escribió sobre el tema.

La prensa y parte del público, que en aquellos tiempos no gustaban de Holmes, y para ello, aducían que como peleador poseía un estilo poco espectacular, que no se obligaba nunca a mejorarlo para emocionar al público, y que como hombre presentaba una personalidad opaca. Sin embargo, muchos de los que opinaban en esa forma hoy han cambiado su forma de ver las cosas y reconocen por muchos conceptos, sin regateos, la grandeza de este campeón que vive tranquilamente su adultez todavía dedicándose ocasionalmente a actividades relacionadas con el boxeo.

Una de las mejores izquierdas que se han visto en su división, excelente técnica en general, fuerte pegada, resistencia. En fin, todo aquello que hace a un gran peleador, fue lo que caracterizó a este hombre llamado Larry Holmes, quien al momento de seleccionar a los 10 mejores que han existido en su peso, de ninguna manera puede quedarse fuera.

Ese fue aquel al que muchos apodaron El Asesino de Easton, en atención a la ciudad en donde radica desde 1957, dentro del estado de Pennsylvania.

Pasados los años, que han purificado todos aquellos sucesos, ahora queda claramente establecido lo que Larry fue, y que muchos no quisieron aceptar en el momento en el que estaba constituido como el gran estrella de la división máxima, allá a principios de los años 70, y durante varias décadas, hasta que tomó la determinación que estuvo posponiendo por mucho tiempo, y finalmente lo hizo ya comenzado el milenio que estamos viviendo.

Cuando el Consejo Mundial de Boxeo (CMB) y su presidente don José Sulaimán tomaron la determinación de no reconocer como titular la revancha entre Muhammad Ali y Leon Spinks, el organismo mencionado admitió como campeón al californiano Ken Norton, quien había superado a Jimmy Young.

Con el reconocimiento llegó aparejada una obligación para el nuevo monarca, consistente en realizar su primera defensa con Larry Holmes, quien había quedado como clasificado número uno, con todos los derechos para recibir una oportunidad por la codiciada faja.

Ellos se enfrentaron el 9 de junio de 1978, y Holmes, que llegó invicto al compromiso, ofreció una inolvidable exhibición con su izquierda, la mejor que ha existido, según algunos, quienes han agregado que la manejaba estupendamente con todas las variantes que se dan sobre la tarima.

Larry realizó 16 defensas del CMB y tres por el FIB.

Renunció al título del primer organismo, y perdió el segundo contra Michael Spinks.

Después de esta pelea, estuvo inactivo durante dos años, y al volver fue noqueado por Mike Tyson, única ocasión en que perdió antes del límite previamente pactado.

Posteriormente disputó la corona a Evander Holyfield, siendo vencido por puntos. Esto sucedió en 1992. También perdió por la misma vía con Oliver McCall, mostrando un físico ya muy deteriorado.

Holmes, quien empezó su carrera profesional en 1973, ocupa el tercer puesto en duración sobre el trono –siete años–, después de Joe Louis y Vladimir Klitschko.

El hombre nacido en Cutbert, Georgia, el 3 de noviembre de 1949, fue entrenado por estrellas del oficio, como venía al caso. Gente de la talla de Ray Arcel, Eddie Futch, Freddie Brown y Richie Giachetti estuvieron con él, tanto en el gimnasio como en su esquina.

La Asociación de Escritores de Boxeo de Estados Unidos lo nombró Peleador del Año, en 1978.

Un año después, la agencia de noticias Associated Press lo consideró el 5º más grande peso completo del siglo XX, y en 2008, fue inducido al International Boxing Hall of Fale de Canastota, Nueva York.

Larry sostuvo la última batalla de su vida cuando ya había cumplido 52 años, el 27 de julio de 2002, y, en ella, derrotó por la vía de los puntos en 10 rounds al famoso Butterbean, cuyo verdadero nombre es Eric Esch. Cambiaron golpes en la Scope Arena de Norfolk, Virginia.

Por VÍCTOR COTA / El Heraldo Mx

 

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