Habla de cómo mejoró su mano izquierda a partir de una paliza que recibió en la cárcel, de los internos que le sirvieron de sparring y la ilusión de regalarle a San Juan su primer título mundial masculino

A las 16 horas en punto Amilcar Funes se pone las vendas y arranca con su habitual rutina frente a un espejo, esta vez en el gimnasio del conocido entrenador Mario Cabello. De zapatillas deportivas, musculosa y pantalón azul, ese que diseñó él mismo y lo usó en anteriores combates, el caucetero se prepara para su regreso al cuadrilátero del club Julio Mocoroa. Se notan las gotas de sudor, los brazos más maduros y un jab, según afirma, mucho más potente y largo que el de hace cuatro años.

“Cambié mucho el estilo. Además físicamente estoy muy bien, para nada parece que tengo 37 años”, dice el ex campeón mundial juvenil a dos meses de haber recuperado la libertad por un crimen del que, después de tres años, fue absuelto y siempre dijo ser inocente. “Fue una experiencia muy grande. No cualquiera sale bien. Yo sí, psicológicamente estoy muy bien. El boxeo me ayudó mucho. Además Dios me dio toda la fuerza, mi familia, mis padres e hijos, y ahora estoy aprovechando esta oportunidad que me están brindando”, agrega.

Es su primer entrenamiento en un cuadrilátero y un gimnasio de verdad. El club de calle Matías Zavalla, por donde pasó alguna vez la chimbera Leonela Yúdica y otros conocidos boxeadores, hoy le abre las puertas para esta nueva “oportunidad” que le da el boxeo. Se lo ve mejor que nunca, retando sus 37 años de edad. Y dice que el encierro y los amigos que cosechó en el Pabellón Nº4 fueron claves para su radical cambio físico y mental.

“Entrené con gente que realmente le gusta el boxeo y no tienen oportunidades, pero próximamente la van a tener. Con ellos entrenábamos todo el tiempo, de las dos de la tarde a las diez de la noche. Me ayudaron a hacer guantes, estoy muy agradecido”. Y recuerda los golpes que recibió en su ingreso al Penal de Chimbas: “Me golpearon la mano derecha y tuve que seguir entrenando solo con la izquierda por varios meses. Logré una buena fuerza. Cuando me recuperé tenía mejor golpe y velocidad en ambas”.

Después de la breve charla, Funes se encara para el final de su entrenamiento e invita a guantear a dos chicos del gimnasio de Cabello. Uno es Javier Mejías, una de las promesas sanjuaninas del box, y el otro es Santiago Garzón, a quien conoce hace muchos años de haber compartido entrenamiento en el Mocoroa. Son tres asaltos de un minuto cada uno. Pero el boxeador caucetero parece que quiere más. “Está muy bien Funes, es fortísimo “, dice uno de los muchachos que sirven de sparring, agitado y un poco cansado.

Carla Acosta / Tiempo de San Juan