En una categoría de los pesados revalorizada, el inglés ataca como Tyson y se defiende como Holyfield

Por Cherquis Bialo / Infobae

Para evaluar el futuro de un prospecto no hay que medir su piso si no proyectar el techo, hasta dónde podría llegar.

Hace ocho días hemos vuelto a ver a Daniel Dubois, un joven inglés de 22 años nacido en el barrio londinese de Greenwich. En tal oportunidad venció por nocaut en el 2° round al japonés Kyotaro Fujimoto consumando de tal manera su 13° nocaut en 14 peleas…

Las cifras estadísticas por más impresionantes que parezcan son sólo eso, números. En la historia del boxeo hubieron peleadores con récords iniciales sorprendentes que luego, a la hora de medirse con rivales más exigentes quedaron en eso, en una cifra sin gloria.

Daniel Dubois pareciera ser un caso distinto pues más importante que el nuevo nocaut conseguido fue el cómo llegó a tal definición.

Este boxeador de 1.96 metros y 97 kilos de peso promedio, ha mostrado virtudes propias del pugilista bien construido técnicamente que ha aprendido la línea ortodoxa de la escuela británica: esta prioriza el manejo del jab de izquierda como herramienta fundamental de ataque. Tal premisa sólo es posible si los pies guardan una armoniosa angulación en sus desplazamientos de ataque con la punta izquierda levemente levantada y la derecha absolutamente apoyada y perpendicular propiciando pasos cortos debidamente sustentados.

Para dar un ejemplo reciente, jamás Andy Ruiz hubiese podido sorprender a Dubois con un golpe voleado y corto como lo hiciera ante Joshua en la primera pelea, la inequívoca sorpresa del año 2019.

De tal manera podría decirse que Dubois hubiese sido un Holyfield ante cualquiera de los dos enloqueciendo a Joshua con su izquierda y no dándole jamás espacio a Ruiz para evitar la distancia corta y las consecuentes fricciones.

Este joven boxeador transita el gimnasio desde los 8 años pues su padre Dave Dubois– fue un anónimo aficionado que tiró guantes para mantener su estado hasta hace poco en el gimnasio Peacock. Fue allí donde conocieron a los hermanos Tom y Martin Bowers, convirtiendose éste último su manager.

En ese gimnasio Peacock en Camp Town, tanto su padre como los Bowers se disponían a preparar a Dubois sin apuro para que integrara el equipo de Inglaterra con miras a los Juegos Olímpicos del próximo año en Tokio. No fue posible; todo se precipitó ante sus extraordinarias condiciones. No pudo esperar a disputar la medalla olímpica del inminente 2020 y ser campeón como los norteamericanos Cassius Clay, Joe Frazier, George Foreman o su compatriota Anthony Joshua ya que las ofertas para que se hiciese profesional fueron cuantiosas y por lo visto irresistibles. Antes de ganarle a Kyotaro Fujimoto, Dubois ya había logrado el título del peso completo de Inglaterra en julio y del Reino Unido en septiembre del 2019. Dubois hubiera sido una estrella en Tokio 2020 y ya se sabe que empezar la carrera profesional con la medalla olímpica prestigia y facilita la carrera rentada.

Los triunfos obtenidos hasta este momento es lo que respalda nuestras expectativas en éste talentoso boxeador toda vez que los 13 nocauts infligidos a sus adversarios han mostrado diversos y ponderados matices técnicos en cada una de sus definiciones. Y los únicos rasgos reiterados de sus virtudes son la velocidad de descarga ante la situación por él generada y la potencia de los golpes con cualquiera de ambas manos.

Es así que esta joven promesa del boxeo inglés ha logrado diferentes tipos de nocauts:

— Por descarga veloz de golpes en ofensiva con el rival sobre las cuerdas sin tiempo a responder.

— Por la conexión de un contragolpe en cross de derecha dando el leve paso hacia atrás para impulsar el puño con el giro del torso.

— Por la combinación de jab de izquierda y el gancho de derecha.

— Por el “tercer golpe” después del directo de zurda en apertura y el cruzado de derecha insistiendo con una segunda e inesperada derecha ascendente.

— Por el preciso manejo de los ganchos en cualquiera de las dos posiciones: en ofensiva o de riposta.

Obligado a situaciones de contragolpe deja ver atisbos de Evander Holyfield para fabricarse los espacios desde donde responder. En cambio, una vez generada la situación favorable para descargar, nos recuerda los buenos tiempos del Mike Tyson, implacable y arrollador.

Probablemente Holyfield, Tyson y algunos matices de Riddick Bowe hayan tenido influencia en su formación. Todos los boxeadores tienen paradigmas de quienes toman una parte de su todo hasta lograr el estilo propio. No hubiese habido Muhammad Alí sin Ray Sugar Robinson ni Sugar Ray Leonard sin Muhammad Alí. Son figuras tan calificadas que van dejando en los diletantes algún rasgo a imitar.

Tal situación es menos frecuente entre los noqueadores; cada uno busca el momento propicio para impactar a su rival con el golpe que fuera, en la zona que se le facilite. Saben que en la condición física es su mejor –y única- estrategia.

Los pesados actuales –casi todos mastodónticos, exuberantes– han generado una vibrante expectativa de enfrentamientos y cruces como no se vivía desde la época de los 70’ en que coincidieron Joe Frazier, Ken Norton, George Foreman y el más grande de todos Muhammad Alí. Hoy reparten preferencias Deontay Wilder, Tyson Fury (volverán a pelear en febrero próximo tras el discutido empate), Anthony Joshua quien acaba de ganarle la revancha a Andy Ruiz Jr., Tommy Fury, hermano de Tyson quien viene de noquear en menos de un minuto… O sea que la categoría se ha revalorizado después del aburrido reinado de los hermanos ucranianos Vitali y Vladimir Klitschko.

Daniel Dubois es técnicamente más que todos ellos: ataca como Tyson y se defiende como Holyfield.

Todo lo que necesita es no anticipar los tiempos que demandará su experiencia.

Si fuera capaz de saber esperar –él, su padre y su manager– en menos de dos años será un brillante campeón del mundo.