Lucas Bastida aguarda tranquilo el momento del regreso. La pausa impuesta por el coronavirus cortó el mejor momento del campeón marplatense. Curtido por experiencias anteriores, espera y hace planes. “Mi sueño es ser campeón del mundo”, sentencia.

Por Sebastián Arana / La Capital – Mar del Plata

Lucas Bastida, el púgil marplatense consagrado campeón sudamericano de los medianos en el último mes de enero, la pausa del coronavirus le interrumpió un momento de ensueño en su carrera.

Venía de tres victorias categóricas consecutivas en el primer round, había dejado una gran imagen en el combate mencionado en el Palacio de Deportes, el 27 de marzo iba a pelear por el título latino de los superwelter ante Sergio “Checho” López en la Federación y tenía ya un compromiso pautado en Miami.

“Por un par de semanas nada más se cayó mi pelea con López. El coronavirus me cortó en el mejor momento”, admite el “Tornado”.

“Estoy esperando que pase todo esto. No perdí ritmo, entreno en la casa de mi novia, que tiene muchos elementos de entrenamiento. Sólo me falta salir a correr, además de ir al gimnasio. Y también laburo con mi viejo. Él es techista, ahora está colocando unos calefactores y le doy una mano. Afortunadamente, desde hace algún tiempo, puedo bancarme con el boxeo”, cuenta Bastida sobre su actividad en tiempos de cuarentena.

La “pausa”, si bien es una dificultad, no constituye un drama para él. “No me preocupa este parate, pude volver después de una puñalada. Estuve ocho meses inactivo y no sabía si podría volver a pelear. Y cuando decidí regresar, entrené tres semanas en el gimnasio y ya tuve mi primera pelea. Como dicen, el cuerpo tiene memoria”, afirma convencido.

El recuerdo es para el momento “bisagra” de su carrera. Cuando su trayectoria como amateur era importante y planeaba dar el salto hacia el campo rentado, en un intento de robo, Bastida recibió una puñalada en el brazo izquierdo que le cortó tres tendones.

“Fui a ver a tres clínicos distintos. Todos coincidieron. ‘Olvidate del boxeo, ponete a estudiar’, me dijeron. Pero no les hice caso. Empecé a probar. Me tiraba un poco, pero podía aguantarlo. Decidí volver y salió todo bien. Nunca más volví al médico por ese motivo”, cuenta.

“Las cosas, a veces, pasan por algo. La vida me dio una segunda oportunidad y quiero aprovecharla al máximo. Me dijeron que, tal vez, se pueda retomar la actividad en agosto. Tengo muchas ganas de entrenar con normalidad. Cuando veo manifestaciones por la “tele” y pienso que no puedo salir a correr, me da una bronca bárbara”, agrega.

“Por lo que me comentaron, si se reanuda la actividad, mi pelea con ‘Checho’ López en Buenos Aires se reprograma. No sé en que quedará lo de Miami, aunque ya Mario Margossian, mi representante, tenía el contrato. El sueño de todo boxeador es pelear en el exterior. Pero no pienso exclusivamente en la bolsa. Yo tengo amor propio, quiero ganar. Si pensara nada más que en la plata, me quedo trabajando de cualquier otra cosa”, revela acerca de sus planes a futuro.

“El Tornado”, como lo bautizó Fernando Sosa, su entrenador, arrasó a sus rivales en las últimas tres presentaciones con victorias fulminantes en el primer round. “Creo que dí un salto desde que cambié de preparador físico. La gente de Lucas Fiorini, que siempre me apoyó, me propuso el cambio, acepté y fue bueno para mí. Martín Menecier trabajó mucho en mi confianza y en mantener la pegada. Con él, Sosa y el ‘Gato’ Olivera armamos un buen equipo”, explica.

Con esa nueva predisposición Bastida arrolló a Gonzalo Chaparro para ganar el título sudamericano en casa. “Generalmente, Sosa me dice que me tome treinta segundos para ver si el rival pega fuerte o no. Si no siento la mano, ya sé que tengo que ir a trabajarlo. Pero en los pesajes siempre se genera una especie de clima. Chaparro es del equipo de Brian Castaño, entrena con él. Y lo vi un poco fanfarrón. Por eso salí a atropellarlo”, confiesa.

Pese a haber conseguido el título sudamericano de los medianos, Bastida seguirá combatiendo en superwelter. “En esa categoría hice toda mi carrera, a mí me conviene por la altura. En cuanto al peso, en realidad, la diferencia es muy poca. Y en las dos categorías hay muchísimos boxeadores en el plano internacional. Porque mi sueño es ser campeón del mundo”, afirma convencido.

El boxeo es una pasión en la familia de Lucas. “Mi hermana Rocío está a punto de pasar al profesionalismo, anda muy bien; lo mismo que mi novia, Zoe Fernández. Somos cinco hermanos, los dos menores muy chiquitos, de dos y tres años. Noah, el de tres, ya se pone los guantes. Parece un profesional”, bromea.

“Hoy están todos convencidos. Al principio no era así. Mi mamá y mi tía no querían saber nada. De hecho, arranqué con kick-boxing. Pero mi viejo, que es una especie de compinche, las fue convenciendo. Con el tiempo les gustó. Pero no porque ganara o me fuera bien; porque me veían bien, enchufado, enfocado. En ese sentido, para ellas, el resultado es lo de menos. El boxeo nos ganó a todos en casa”, finaliza.