Locomotora se entrena solo en el gimnasio que puso en Temperley y no pudo abrir por la pandemia

Por Ricardo Nebot / Clarín

Una especie de Rocky Balboa argento. Como en la popular saga boxística que protagoniza Sylvester Stallone, el almanaque parece no ser un condicionamiento para que Jorge “Locomotora” Castro (52 años), vuelva a calzarse los guantes. A 13 años de su última pelea -el 27 de enero de 2007, frente a José Luis Herrera, en Mar del Plata-, desde Temperley prepara el regreso.

“Del entorno de Bob Arum vinieron a ofrecerme la pelea con John David Jackson (a quien noqueó en 1994 en su pelea más recordada). Pero no estoy ilusionado con eso porque no hay nada concreto y hasta ahora seguimos en veremos, por eso no quiero hablar mucho porque si después no se da, la gente va a pensar que soy un mentiroso. Pero sí, vinieron. En mayo me ofrecieron eso y también hacer una serie en Netflix para contar mi historia en capítulos”, le cuenta el Roña a Clarín.

La sorpresiva vuelta al ring de Locomotora incluso podría ser en la velada que como pelea de fondo tendrá un regreso con luces importantes en la gran marquesina del boxeo: el de Mike Tyson, quien hace algunos días atrás hizo el anuncio oficial de su combate frente a Roy Jones Jr. (será el 12 de septiembre).

Por ahora me muevo en el gimnasio. Pero estoy solo y entrenar así es complicado. Hago un rato de bolsa, de soga, y me muevo en el ring, pero no puedo pelear contra el hombre invisible. Al no haber sparring es dificil. La verdad que nunca imaginé pelear a esta edad pero, bueno… quizá se dé”, dice Castro.

“Volver al ring no me impacienta -asegura-. Si se da o no, es un tema que no lo decido yo. Lo que me entusiasma es que no sé qué se siente al pelear con 52 años. Si los golpes duelen más o no, la verdad es que no lo sé. Si hay combate tendré que irme un mes antes a los EE.UU. para ponerme en condiciones porque no voy a subir al ring después de tanto tiempo a hacer papelones”.

La pelea con Jackson: “Volví con dos churrascos en los ojos”

La historia a veces es caprichosa. Ese 10 de diciembre de 1994 cuando Locomotora se inmortalizó como figura del boxeo argentino, frente a John David Jackson, fue quizás una de sus peores peleas. El de Caleta Olivia recibió una de las palizas más feroces de su carrera. Su cara, al término del combate, era irreconocible.

“No podía ver porque tenía los ojos totalmente hinchados y tapados por la sangre. Trataba de secarme la sangre que me caía de las pestañas en la camisa del árbitro, cuando se me acercaba”, recuerda Castro.

Sin embargo, en el noveno asalto apareció – como el mismo la definió- “la mano de Dios”: una zurda demoledora que impactó en el mentón del moreno y lo mandó a la lona. Y a pesar que pudo levantarse para continuar, el destino estaba definido: dos caídas más de Jackson terminaron de dibujar la épica.

“Le puse una piña para noquearlo y el negro se levantó. La preparación atlética de ese tipo era fenomenal. Igual ya no quiero recordar más esa pelea porque me duele -exagera entre risas-. Hace un par de días volví a verla porque unos mexicanos me mandaron un documental donde está. Es muy gracioso el relato: el tipo no podía creer que se la haya dado vuelta. Todos dicen de Rocky, pero eso fue ficción. A mí me cagaron a trompadas de verdad”.

Hasta el propio Don King no salió de su estupor en esa noche de Monterrey: “Pensé que Rocky sólo estaba en las películas”, dijo el promotor más famoso de todos los tiempos. La epopeya estaba escrita.

“Recuerdo que cuando volvíamos al país viajé con dos pedazos de carne en los ojos para desinflamarlos. Tenía unas aureolas color rojo sangre alrededor de los ojos y me llevó como cinco meses para que se fuera. Estaba desfigurado”, comenta.

Su gimnasio y la movida solidaria

El presente del Roña está lejos ese pasado exitoso que supo construir durante la década del 90 y también de Caleta Olivia, su ciudad en Santa Cruz. Padre de 15 hijos, hace 28 años que vive en Buenos Aires. Primero estuvo en Morón y desde 2012 se encuentra radicado en el Sur del Conurbano, en Temperley.

“En enero puse un gimnasio acá en Temperley, en Pasco 4730, y tengo 233 personas anotadas para usarlo, pero no lo puedo abrir. La cuarentena nos arruinó. Igual  me entretengo bastante”, dice.

“Los miércoles empiezo con entrega de alimentos no perecederos. Los jueves reparto ropa, los viernes hago la olla popular en el gimnasio y los sábados reparto la mercadería que me dan del Mercado Central”, repasa su actualidad solidaria en el barrio.

“Cargo todo en la camioneta, embolsamos y salimos a repartir para gente que tiene muchas necesidades en el barrio San José (en los municipios de Lomas de Zamora y Almirante Brown)”, enumera .

“Esto lo estoy haciendo porque sé lo que es pasar hambre. Es muy jodido. Lo hablé con Yanina (su actual mujer) y me dijo que le diera para adelante. Me encanta que la gente se vaya satisfecha. Ese agradecimiento es impagable. Te rompe el alma ver algunos pibes en el estado en que están. Lo que hago, lo hago de corazón”, insiste.

Aparte de los grandes gestos solidarios, Castro tiene otra ocupación: la radio, los martes de 20 a 22 (Radio 26 de julio, AM 1580). “Me divierte bastante hacerlo. Hablamos un poco de todo. Ahí muchas veces me preguntan por qué vuelven los boxeadores. ¿La respuesta? Porque no hay figuras, loco. Tan simple como eso. Tienen que volver Tyson, Roy Jones Jr, Maravilla Martínez, el Chino Maidana como para rescatar el boxeo. Son épocas -remata-, pero esta viene muy flaca”.

 

JT