Este lunes falleció el actor Edgardo Nieva, intérprete de Gatica, el Mono, la película del inolvidable Leonardo Favio que narra la vida del boxeador que fuera uno de los ídolos culturales más importantes del peronismo.

Por Facundo Aguirre / La Izquierda Diario

La genialidad del director permitió que el José María Gatica, interpretado con cuerpo y alma por Nieva, nos retratara un fresco del peronismo. Favio estaba fascinado por los personajes marginales. Gatica fue la emergencia de un marginal, al primer plano de la historia. La reconocida militancia peronista del director, y el actor, fueron quizás un elemento que les permitió captar en el film un espíritu de época: la identificación plebeya y el revanchismo gorila.

Favio y Nieva, quisieron hacer una película apologética del peronismo como movimiento popular. Pero la suerte corrida por el legendario ídolo del boxeo argentino, permite hacer una lectura histórica del devenir trágico de un sujeto social. Del costo que tuvo que pagar el pueblo pobre y la clase obrera argentina por seguir a una dirección nacionalista burguesa para enfrentar al imperialismo y la reacción que buscaba destruir los derechos conquistados y las organizaciones sindicales.

El mito plebeyo del “Mono” Gatica, es imposible de concebir sin la irrupción de las masas proletarias el 17 de octubre de 1945, impulsadas por los sindicatos de base de Berisso. Una huelga general política, que al ser dirigida a obtener la libertad de Juan Domingo Perón, fue expropiada para sus fines por el nacionalismo burgués. La imagen de los obreros con sus pies en las fuentes de agua de Plaza de Mayo para mitigar el calor, “las patas en la fuente”, quizás grafiquen bastante los límites del acontecimiento histórico. Una potencial fuerza desplegada por los trabajadores que en lugar de avanzar hacia la toma de la Casa Rosada, es enviada de vuelta a sus hogares por Perón recién liberado. En ese discurso el mandato del peronismo hacia los trabajadores, fue el de ir de “de casa al trabajo, del trabajo a casa” .

La expropiación de los frutos de la movilización obrera, la estatización de las organizaciones obreras y la formación de una burocracia sindical adicta, acompañarán las conquistas sociales que lograron los trabajadores en el periodo.

Serán el punto de apoyo del bonapartismo sui generis que va a encarnar Perón entre 1945 y 1955. Es decir un gobierno burgués, que apoyado en la amenaza de la movilización de la clase obrera, ante la debilidad y cobardía de la burguesía criolla, intenta ofrecer una relativa resistencia al avance del imperialismo norteamericano. El discurso de la armonía entre las clases es el manto ideológico de esta expropiación política. La fuerza de la clase obrera avanza en la lucha de clases, no en la conciliación.

La recuperación que hace Favio del legendario encuentro entre el boxeador y Perón en la pelea contra Luis Federico Tompshon, es un reconocimiento, una autopercepción por parte de Gatica, del poder de fuerza del elemento plebeyo del peronismo: “General, dos potencias se saludan”. Pero en ese mismo acto se trasluce el lugar que el peronismo le asigna a cada sujeto en la historia, la potencia de la clase obrera es la que da fuerza a Perón, quien al mando del Estado aspira a salvaguardar los intereses de la burguesía nacional y las élites terratenientes que detestaban y temían a esa misma clase obrera.

En la escena inicial de la película de Favio se pueden describir los contornos particulares de la armonía entre las clases en el primer peronismo. Un Gatica magullado por los golpes en medio de un baile (donde Nieva luce magistralmente a su personaje), frena en seco a un cajetilla que le dice al boxeador “Monito qué elegante estás. Pareces Gardel”, a lo que el deportista responde “¿Monito? Monito las pelotas. Señor Gatica, oligarcón. Y sí, soy Gardel”. Es un gran alegoría que sirve para explicar como la conciliación de clases se impuso al precio de tener que permitir que la clase obrera, para no combatir, se ganará el derecho a discutir con el patrón, a ponerle límites a su prepotencia . Se ganó el derecho sobre todo a conquistar espacios de democracia obrera, las comisiones internas. Estas comisiones internas fueron las que derrotaron el intento de Perón en los ‘50 de un aumento mayor de la explotación del trabajo a partir del Congreso de la Productividad, cuando las condiciones para otorgar concesiones habían cambiado, y el nacionalismo burgués y su burocracia sindical comenzaban a perder el control sobre la lucha de los trabajadores.

El eclipse de la figura de Gatica, tiene que ver con la caída del peronismo como producto de la revolución fusiladora de 1955. En ese momento de la historia fue la clase obrera la protagonista de la lucha contra el golpe. En junio enfrentó armada.con guinches y cuchillas el levantamiento militar que bombardeó con la Aviación Naval la Plaza de Mayo llena de civiles, cometiendo una de las mayores masacres de la historia argentina. En septiembre, Perón capitula sin ofrecer resistencia, asegurando que para evitar el baño de sangre elige el tiempo. Los fusilamientos de José León Suárez en 1956 muestran que el tiempo no ahorraba la sangre propia sino la de los golpistas. Que para haberlos derrotado Perón tenía que armar a los trabajadores y su negativa a hacerlo y la decisión de capitular provenía de su temor ante la suerte del orden burgués.

Sin embargo, las barricadas en las barriadas del conurbano y Rosario, expresan la voluntad de resistencia de los trabajadores, aún habiendo sido abandonados por sus líderes.

Gatica va a ser proscripto, le retiraran su licencia para boxear y solo sobrevivirá replegándose cada vez más en la pobreza. Con la proscripción del peronismo, la burguesía y el imperialismo intentan proscribir a los trabajadores de la política argentina derrotando a sus organizaciones sindicales. La resistencia de la clase obrera se va a expresar en la recuperación de las comisiones internas y los sindicatos por parte de una generación de la clase trabajadora que protagonizó grandes luchas poniendo límite a las pretensiones patronales e imperialistas.

Gatica muere en 1963, aplastado por un colectivo 295 a la salida de la cancha de Independiente donde vendía muñequitos para sobrevivir. El final del gran ídolo popular expresa la falsa ilusión del ascenso social mediante la conciliación entre las clases. Lo relativo del avance logrado por los trabajadores sino se derroca el poder de la burguesía. El entierro de Gatica fue un gran desfile popular. El pueblo se identificó con el mito que expresaba su devenir, la resistencia defendiendo sus conquistas reivindicando el derecho a ejercer su soberanía.

La extraordinaria película de los fallecidos Favio y Nieva, culmina con el entierro, pero la historia de aquella etapa combatiente del proletariado argentino, será cerrada con el encumbramiento de una nueva burocracia conciliadora surgida tras las derrotas de la luchas de la resistencia. Recién en Córdoba, en mayo de 1969, la clase obrera va a romper los límites impuestos por el nacionalismo burgués protagonizando una semiinsurrección obrera y popular que va a abrir una etapa de cuestionamiento revolucionario del capitalismo argentino. La potencia de los Gaticas del proletariado se desata llenando de vida y dándole un contenido de democracia obrera y poder fabril a las comisiones internas. Surge el clasismo y la posibilidad de liberar las fuerzas de los trabajadores en la lucha de clases. Se vuelve fuerza insurgente que pone fin a la dictadura y la proscripción.

En esas condiciones la armonía entre las clases solo podía ser repuesta a punta de pistola, como lo intentaron Perón y la burocracia sindical en su retorno en 1973 con las bandas fascistas de la Triple A. Favio fue partícipe y testigo de aquellos acontecimientos históricos en el palco montado en Ezeiza en junio del ‘73.

En junio y julio de 1975, la clase obrera va a protagonizar la primera y mayor huelga general política de la historia nacional contra un gobierno peronista, derrotando el plan de ajuste proimperialista del plan Rodrigo que intentaba aplicar Isabel Perón. Las movilizaciones obreras que ocuparon la ciudad el 27 de junio y el 3 de julio, rememoraron la invasión proletaria de la ciudad en 1945. Esta vez contra el peronismo en el poder.

La clase obrera derrota el ajuste pero Isabel, luego de entregar las cabezas de Celestino Rodrigo y José López Rega, es salvada por la burocracia sindical quien la sostiene. Es el papel jugado por el peronismo como garante de la contención en salvaguarda del régimen social donde reside la tragedia de la clase obrera, su potencia es diluida, evitando la revolución, y con ese acto se abre el camino a la contrarrevolución.

Seguramente ni Nieva, ni Favio, militantes peronistas ortodoxos, coincidirían con la lectura que hacemos de la película ni con las conclusiones de esta nota. Sobre todo, con la idea de que la clase obrera para desatar toda su potencia, para transformar radicalmente sus organizaciones en trincheras de la democracia obrera y la lucha de clases, para derrocar al capitalismo, necesita construir su propio partido. Sin embargo, cuando el arte es auténtico permite apreciar los contornos de una época y sus desgarradoras contradicciones. Nuestro humilde homenaje al actor y el director que tan bien supieron hacerlo en Gatica, el Mono