El boxeo cambió la vida de la Bonita, quien se medirá ante Tatyana Zrazhevskaya el 31 de octubre, por TyC Sports.

Por German Giani / TyC Sports

Los relatos de carencias y superación son moneda corriente en muchos boxeadores, pero por más que se repitan, no dejan de sorprender los obstáculos que derriban para llegar a ser quienes son hoy.

Hay mucho de nadar contra la corriente, de voluntad y esfuerzo, de lanzar miles de golpes desde un origen muy humilde. De eso sabe Daniela Bermúdez, la campeona mundial gallo y una de las mejores del planeta en el ranking libra por libra.

La primera referencia del boxeo en la familia Bermúdez es la de Nindolfo, campeón amateur chaqueño en su juventud, previo a radicarse en Santa Fe y formar una familia numerosa.

Papá Nindolfo, más conocido como Tito, se quedó sin trabajo durante la crisis del 2001 y con seis pequeñas bocas que alimentar encontró en un carro la clave para sobrevivir. Las circunstancias lo llevaron a recolectar los desperdicios de otros por las calles de Rosario junto a sus hijos Daniela y Gustavo. “Cirujear”, “cartonear”, un rebusque para evitar la indigencia. Recuerdos de angustia y dolor que aún hoy provocan alguna lágrima al no olvidar lo pasado.

Épocas en la que el colegio ya no era parte de la rutina de la pequeña Daniela, otro aspecto que debió resignar en una infancia donde la educación perdió terreno ante las urgencias familiares.

A los 13 años apareció eso que “la Bonita” estaba buscando para darle sentido a su existencia. Gustavo, el mayor de los hermanos, boxeaba y ella decidió intentarlo. En un principio papá no quería saber nada pero después aceptó entrenarla. Y la puerta que abrió Daniela también le sirvió al resto de las mujeres del clan. Hoy Evelyn, también campeona del mundo, y Roxana, con varias peleas profesionales, continúan el camino de las Bermúdez.

El boxeo transformó su vida, le dio disciplina y un objetivo a cumplir. Tan seriamente lo tomó que el 7 de julio del 2004, el día de su cumpleaños de 15, Daniela estaba peleando en uno de sus primeros combates amateurs.

El ring fue su salón de fiestas. Después llegó el debut profesional en Bariloche, los títulos, el primer viaje en avión para llegar a Japón y el duelo con su ídola, la “Tigresa” Acuña.

Todo se lo dio el boxeo y todos los logros de los Bermúdez se consiguen y se disfrutan en familia. El gimnasio donde se entrenan diariamente, es un ejemplo, fue construido por toda la parentela y está instalado en el fondo de la casa de Gustavo, ex campeón latino. Atrás quedó la época donde usaban una vieja unidad básica prestada.

La casa de Daniela, un sueño cumplido que comparte con su novio en Villa Gobernador Gálvez, también tiene el sello Bermúdez. Los guantes de boxeo quedaron de lado para darle paso al fratacho, el cincel y la carretilla. Ahí se lució Daniela, recordando los tiempos donde colaboraba con su padre en alguna obra como peón de albañil.

Anhelos conseguidos y muchos aún por cumplir. Es que los cinturones mundiales logrados no se traducen en dinero que solucionen la diaria. Las mujeres ganan menos que los hombres y con gastos parecidos, las cuentas no siempre cierran. No hay ayuda estatal, ni siquiera una beca, apenas algún sponsor que colabora con las vitaminas.

La pelea en Rusia a fin de mes implica un nuevo desafío deportivo por otro titulo mundial pero también una bolsa más suculenta que las que recibe en nuestro país.

Las carencias no son las mismas que en la infancia aunque la pelea con la vida sigue siendo desigual. Imposible bajar la guardia, todavía hay mucho obstáculo por vencer. Es una lucha día a día.