Uno de los grandes antihéroes de los 80s.

Clubber Lang era un hombre de mucho músculo y pocas palabras. Pegaba fuerte, eso sí. Rocky Balboa lo subestimó, qué duda cabe. Al cabo de diez defensas de su título, el Campeón Mundial de los Pesos Pesados, vamos a decirlo, se aburguesó un poco. Y en eso consiste Rocky III.

El Campeón preparó la pelea en un hotel, sacándose fotos y firmándole autógrafos a sus fans, ante la preocupación cada vez mayor de su entrenador, Mickey Goldmill. Clubber Lang, en cambio, tenía hambre de gloria.

Un triste incidente entre Clubber y Mickey, minutos antes de subir al cuadrilátero, minó el ánimo de Rocky y signó el resultado de la pelea. Rocky recibió una histórica paliza y perdió su título.

Para recuperarlo, tuvo que aprender a boxear de verdad: a moverse, a bailar, a esquivar. Preparado por su viejo rival Apollo Creed, Rocky perdió rusticidad, ganó estilo, entrenó seriamente lejos de los flashes, y sobre todo recuperó la mirada del tigre, vital para seguir siendo el Campeón del Mundo. El desafío enorme que le planteó Clubber lo ayudó a superarse como persona.

Clubber Lang era nada menos que Laurence Turead, más conocido como Mr.T., un “no actor” en todos los sentidos de la palabra, cuyo aspecto físico indudablemente llamativo le hizo pensar a Sylvester Stallone que podía ser un gran oponente para Rocky.

Stallone lo conocía del ambiente artístico, porque Mr. T. había sido guardaespaldas de grandísimos campeones de los Pesos Pesados como Muhammad Alí, Joe Frazier o León Spinks, actores como Steve McQueen y astros del pop como Michael Jackson o Diana Ross.

Según la célebre revista People, Mr.T también supo cuidar las espaldas dieciséis prostitutas, diez docentes, nueve personas en asistencia social, ocho banqueros, cinco predicadores y cuatro dueños de tiendas.

El trabajo de guardaespaldas le había representado un ascenso en relación con su anterior ocupación: patovica de boliches. Una vez le mandaron una propuesta para matar a alguien. 70 mil dólares, con un adelanto de 5000.

Aunque no estaba del todo seguro de que no fuera una broma de mal gusto, intentó avisarle a su “víctima” que lo andaban buscando para matarlo, pero no pudo porque ésta ya había muerto en un accidente automovilístico. ¿Casualidad? ¿Alguien se le adelantó? Mmm…

Fue Stallone el que lo sacó de su responsabilidad como cuidador de estrellas para convertirlo a él mismo en una estrella. “Fue inspirador, porque Clubber Lang es la historia de mi vida. Quería una oportunidad y la gente decía que no lo lograría”, contó alguna vez, agradecidísimo.

Los argentinos que fueron (fuimos, bah) jóvenes en los 80, nunca olvidaremos su momento de gloria: el viento de cola Rocky III lo llegó a ser uno de los protagonistas ( y sin duda alguna, el personaje más recordado) de la serie The A Team, conocida entre nosotros como Brigada A.

Entre 1983 y 1987, Mr. T. se convirtió en el legendario Mario Baracus. Después vino el ocaso: infomerciales, shows de lucha libre, cosas así, porque tampoco es que tenía un registro actoral vastísimo.

En 1995 atravesó una prueba durísima: tuvo un linfoma, del que le llevó seis años de intensos tratamientos hasta que en 2001 logró librarse de la enfermedad.. Sobrevivió a todo, piensa, gracias a su inquebrantable fé cristiana.

 

“Creía en Dios cuando el cáncer vino a mí. Ahora, cuando hablo, hablo con autoridad porque he pasado por eso. Mr. T ha pasado por la quimio, Mr. T ha pasado por radiación, se le cayó el pelo… pero ahora ha vuelto. Ahora puedo dar esperanza cuando voy al hospital, veo a los niños enfermos de cáncer y les digo que no se rindan (…). Sirvo a Dios “Hay que ser humilde y preocuparse por los menos afortunados (…). Yo llevo comida a los sintecho. Y no llamo a la prensa para decir: ¡mirad lo que hago! Mi madre me dijo: hijo, aunque nadie lo sepa, Dios sí lo sabe. Lo hago por su gloria”.

En una entrevista con el portal evangélico Beliefnet.com, describió cómo ora y cuál es su perspectiva actual ante la vida

Padre, dame fuerza hoy, no fuerza para levantar 200 kilos, sino fuerza, Señor, para que cuando hable, mis palabras sirvan de motivación y de inspiración para alguien, Señor, para que cuando me vean, te vean a ti. Cuando me oigan, Señor, que te escuchen a ti. Así rezo por tu santo nombre. Digo al Señor: ‘cuando me vean, que te vean a ti’, así que sabes que no puedo estar saliendo de un bar de striptease con una mujer en cada brazo. Y digo ‘Señor, cuando me oigan hablar, que te escuchen a ti’, y eso significa que no puedo estar contando los chistes ofensivos que contaba antes. Porque la Biblia dice que cada vez que Cristo ve una nueva creación, lo viejo ya ha pasado”, sostiene.

Mr. T. asegura que ya no es el mismo de antes, siempre dispuesto a meterse en líos. “Soy un hombre cambiado. Yo digo que Dios está a mi lado y que le obedezco. Digo que permito que Dios viva en mí. Así que le digo a la gente que cada vez que salgo, estoy representando al Dios que sirvo, represento a la madre que me quiso y que solía llamar a la puerta del vecino para que yo tuviera dinero para ir al colegio”.

¿Volverá Clubber Lang a darse una vuelta por Filadelfia en Creed III, la novena película de la saga? Veamos, el director de Creed II, Steven Caple Jr., ya deslizó esa posibilidad. Recordemos que en Creed II había reaparecido el mismísimo Iván Drago (Dolph Lundgren)..

“Es un personaje interesante. Y solo para ver dónde estaría ahora y ver dónde está el Mr. T. Nuevamente, la nostalgia es una manera de recuperar los personajes, pero en 2018 y 2019 tienen un nivel más moderno y siempre serán interesantes. ¿Sabes a lo que me refiero? Me encantan los retos así. Tratando de hacer a Drago humano. Cómo hacer que Clubber Lang sea humano. Como, ¿dónde está él hoy? Esas son las rutas interesantes para ir desarrollando personajes. Esa es mi parte favorita del desarrollo del personaje”. Los fans, felices. ¡Teléfono, Clubber!

Big Bang News