Jeremías Ponce se probará en la inhóspita Moscú ante Troyanovsky, donde pocos argentinos pelearon y ganaron desde los noventas. La columna de Principi.

Por Osvaldo Principi / La Nación

El bonaerense Jeremías Ponce se acostumbró a forcejear con su condición de campeón mundial -no oficial- de la Organización Internacional de Boxeo (IBO), una entidad sin países ni federaciones afiliadas pero autónoma para sancionar combates titulares en los cinco continentes. En realidad, conoce sus límites pero explota sus ventajas.

A los 24 años jamás se imaginó que desde su José Mármol natal lidiaría con los portales informativos para saber cuál será la temperatura en Moscú para fines de marzo próximo. Y no se inmutó al saber que oscilará entre una máxima de 3 grados y una mínima de -5. 

Se pronostican aisladas tormentas de nieve. ¿A qué se debe todo esto? Al acuerdo que lograron en las últimas horas Alberto Zacarías, su entrenador y manager, y los representantes del ex campeón mundial ruso Eduard Troyanovsky para enfrentarlos en tierra moscovita, sin fecha aún.


Ponce, pareja de la campeona argentina gallo Iara Altamirano y considerado uno de los cinco mejores púgiles argentinos de la actualidad junto a Brian Castaño, Agustin Gauto, Fernando Martínez y Fabián Maidana, afrontará la pelea decisiva de una carrera invicta de 27 victorias y 17 KO que se debate, hasta el momento, entre picos salientes, como sus triunfos sobre el napolitano Francesco Lomastro en Italia y el teutón Rico Mueller en Berlín, y desempeños inestables, como ante Leonardo Amitrano y Jonathan Eniz, en Argentina.

Le resulta complejo y dificultoso lograr un equilibrio sólido entre cada cotejo y en estos tiempos, la prisa del negocio del boxeo no otorga pausas para correcciones o nuevas experiencias. Al contrario, todo es vértigo y su tentador quinto puesto en el ranking mundial FIB lo convierte en un “objeto buscado” en esta industria deportiva.

Ganará una bolsa inalcanzable para el mercado latinoamericano y protagonizará su primer gran evento de atracción universal. Su decisión y confianza para avanzar sobre el rival y su impecable preparación física forman parte de lo mejor en su libreto. En cambio las dudas que exhiben su defensa y la permeabilidad al castigo, conforman sus grandes interrogantes.

¿Quién es Eduard Troyanovsky?

Troyanovsky tiene 40 años y 29 peleas ganadas (24 KO) y 2 reveses. Se consagró campeón mundial welter junior FIB ante el chaqueño César Cuenca en 2015 y también le ganó la revancha antes del límite en 2016.

Perdió la corona por KO contra el namibio Julius Indongo, y a partir de eso fue perdiéndose en la intrascendencia. Ocupa el 11er lugar en la clasificación de la FIB. Es alto, raro, discontinuo. Tremendo para pegar pero débil para asimilar castigo.


Nunca fue fácil pelear en Rusia desde que se reanudó el profesionalismo a principios de la década de los noventas. El cordobés Marcelo Figueroa fue el primero y uno de los pocos vencedores allí, en 1991, cuando batió contundentemente al local Andrey Oreshkim, en el estadio Olímpico de Moscú.

A partir de ese instante, fue difícil ganar en tierras caucásicas. En todo tipo de confrontaciones. Desde las mundialistas hasta las más frecuentes, donde el peleador argentino es considerado “mano de obra económica”.

Jeremías Ponce será el encargado de cumplir tal misión treinta años después de aquella épica victoria. Le servirá para crecer. Pase lo que pase.